Hospital Sant Joan de Déu Barcelona

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El amor de las tres naranjas

Aprender jugando

Érase una vez un rey y una reina que deseaban tener un hijo y prometieron que darían a todos los pobres un saco de harina, una aceitera llena y una ollita de miel si su sueño se hacía realidad.

Hecha esta promesa, el niño nació, y todos los pobres tuvieron su comida. Cuando el niño, de nombre Bernat, tenía siete años llegó una viejita al castillo diciendo que no se había enterado de la promesa hasta entonces y que venía a buscar la harina, el aceite y la miel.

El Rey

Se los dieron, pero el joven príncipe jugando le rompió la aceitera y la ollita a la vieja, que le dijo que no encontraría la felicidad hasta que no buscara el amor de las tres naranjas.

Cuando Bernat cumplió dieciséis años cayó enfermo y decidió marchar a la búsqueda del amor de las tres naranjas, pero nadie sabía cuál era este amor.

Por el camino encontró una viejita que le pidió comida, él se la dió y a cambio la vieja le dijo dónde podía encontrar el amor que buscaba. Debería cruzar un campo lleno de hormigas carnívoras, otro de animales feroces y un tercer campo con una serpiente de siete cabezas.

No parecía una empresa fácil, pero usando su ingenio Bernat dió de comer a todas las béstias y lo dejaron pasar.

La viejita le dijó que después llegaría a un jardín dónde encontraría un naranjo mágico con tres naranjas, custodiado por tres gigantes dormilones a los que debería cuidarse de no despertar. Debía tomar las naranjas y huir. Además la viejita le dió un ovillo de lana amarilla, uno de lana verde y uno de lana roja, y el joven marchó a la búsqueda del amor de las tres naranjas.

Al llegar al naranjo y tomar las tres narnajas los gigantes despertaron y lo persiguieron. Para escapar, Bernat lanzó el ovillo amarillo que se tranformó en un matorral lleno de espinas. Después lanzó el verde que se convirtió en una nube llena de zarzas y lianas. Y finalmente lanzó el ovillo rojo que se tranformó en un brasero.

Con los tres ovillos Bernat consiguió parar a los gigantes y huyó. De tanto correr le dió sed y decidió abrir una naranja de la que surgió una hermosa doncella tan sedienta que se convirtió en humo al no poder beber agua. Lo mismo pasó con la segunda naranja, pero no con la tercera, ya que Bernat abrió la naranja cuando estuvo cerca de un pozo, y pudo darle agua.

Bernat y la bella doncella se enamoraron y se prometieron. El muchacho quiso ir al palacio para traer una carroza de diamantes que llevara a la delicada doncella, así que la dejó esperando al lado del pozo.

De repente apareció una criada malcarada que al oir todo lo ocurrido clavó a la muchacha una aguja en la nuca, le robó el vestido y la arrojó al pozo, donde se convirtió en un pececillo. La criada se hizo pasar por la hermosa doncella y cuando llegó Bernat se la llevó al palacio y se casaron.

La criada ordenó que pescaran al pececillo y lo cocinaran, pero de una de las espinas surgió una mariposa blanca que se posó en el dedo de Bernat y él vió que tenía una aguja muy pequeña clavada en el cuello. Al arrancársela, la mariposa se transformó en la hermosa doncella y se descubrió todo el engaño.

Al verse descubierta, la criada sufrió un ataque y murió, y el príncipe y la hermosa doncella fueron felices por siempre jamás.

Última modificación: 
30/09/2014