La entrada de un perro en una habitación donde haya niños tiene un efecto inmediato, la mayoría, sino todos, lo mirarán, sonreirán y querrán acariciarlo y jugar con él. En un segundo el ambiente se relaja.
La constatación de este hecho llevó al psiquiatra infantil Boris M. Levinson a darse cuenta de los efectos positivos que podía conseguir utilizando a su propio perro Jingles con niños con problemas neuropsiquiátricos y en 1964 a acuñar el término “terapia con mascotas” (pet-therapy).